Puno: Microprogramas por la vida “Del pueblo para el pueblo”

Comenzar este texto comentando cómo afectó la COVID-19 a nuestro país es reiterativo. Ya todos los peruanos sabemos cómo nos afectó – y sigue afectando – esta crisis. Muchos perdimos seres queridos y amigos; otros sobrevivieron pero viven día a día las secuelas de haber caído en sus garras, y aquellos que lograron librarse de la enfermedad, no se pudieron librar de las consecuencias sociales, económicas y laborales que nos trajo esta pandemia. De la COVID-19 no se libró nadie.

El Estado, rápidamente, se dio cuenta que una de las armas más potentes que se tenía para enfrentar esta pandemia era la información sobre la misma. Informar sobre cómo funcionaba la COVID-19 en nuestros cuerpos, cómo prevenirlo, cómo enfrentarlo y cómo evitarlo, se convirtió en una de las principales labores de lucha. Así, todos escuchamos hablar del distanciamiento social, la funcionalidad de las mascarillas y cobertores faciales, la importancia del alcohol y continuo lavado de las manos, de la limpieza extrema de los alimentos, y, sobre todo, de no exponernos al virus en espacios públicos. Pronto, todos estábamos encerrados en cuarentena. Y esta información nos llegaba por todos los medios de comunicación posibles: Televisión, prensa escrita, radio, redes sociales y cuánto espacio de comunicación exista.

Pero no fue suficiente. En muchas localidades del país este esfuerzo no fue suficiente.

Así tenemos la experiencia en Puno. La información llegó, llegó a través de muchos medios de comunicación, pero los resultados no fueron los esperados. En la zona rural las conductas de prevención no eran suficientes, crecían los falsos mitos frente a la COVID-19 y más aún cuando llegó la etapa de vacunación, éstos se propagaron velozmente: Mitos que aseguraban que al inocular el virus con la vacuna algunos morirían, que si estabas “sano” no era necesario vacunarse, y así muchos otros mitos aparecieron.

Un grupo de ciudadanos puneños no tardó en darse cuenta de esto, entre ellos, el periodista local Domingo Paucar, quién nos compartió esta experiencia.

Conscientes de que no podían quedarse con los brazos cruzados, se organizaron y empezaron a buscar soluciones. Rápidamente, se unieron a ellos organizaciones de sociedad civil, como las Organizaciones de Mujeres de Ayaviri, de Azángaro y de Santa Rosa, con quienes decidieron ir en busca de profesionales médicos que pudiesen asesorarlos. Así nació la idea de hacer microprogramas, todos ellos en quechua, que usen realidades y modismos locales de manera que sean de fácil comprensión y así garantizar la llegada del mensaje correcto a los oyentes que accedieses a ellos. Microprogramas que tengan como exclusivo público objetivo al sector rural de la ciudad de Puno.

Sin financiamiento económico empezaron a trabajar en la primera etapa de este proyecto: Elaboración de historias y guiones. Junto a profesionales del sector salud, comunicadores, sociólogos y demás expertos que podían aportar a la buena calidad de estos microprogramas, se concibieron los temas a tratar y Domingo se encargó de elaborar los libretos respetando la identidad cultural local del público objetivo. No demoraron en tenerlos listos y pasar rápidamente a la segunda etapa: Producción de los microprogramas, etapa en la que todos participaron, algunos consiguiendo el estudio de grabación, otros desde la consola, otros sacando dotes artísticas y haciendo las voces necesarias y Domingo Paucar editando los microprogramas. Ahora que éstos estaban listos tocaba la etapa más decisiva: Conseguir que las radios de la zona participen de esta iniciativa trasmitiéndolos gratuitamente. Se tocaron muchas puertas, recibieron muchas negativas,  pero no se detuvieron y llegaron a las radios locales correctas, tal vez no eran las más grandes o potentes de Puno, pero si las más comprometidas con el bienestar de su comunidad. Radio Pachamama y Radio Juliaca no dudaron en ceder un espacio de su programación para transmitir las microprogramas en los horarios de mayor audiencia, así las mañanas y las tardes sus oyentes disfrutaron de estos microprogramas.

El éxito fue notorio. La conducta de prevención mejoró muchísimo y se pudieron disipar todas las dudas y mitos frente a la vacuna, la gente pronto perdió miedo a las vacunas, comprendió el funcionamiento de las mismas y no dudaron en acudir a vacunarse a los centros médicos destinados.

Esta experiencia de Puno grafica de manera perfecta cómo ante la crisis, la comunicación local funciona como una herramienta necesaria. En este caso la información que llegaba a nivel nacional no lograba calar en la vida de un sector de puneños pues las formas y modismos culturales eran diferentes. Pero cuando este grupo de ciudadanos decidió armar microprogramas recogiendo y respetando modismos y formas culturales locales, el traslado de información fue muy fácil y eficiente.

No podemos dejar de resaltar el carácter solidario y comprometido con la comunidad de los diferentes ciudadanos, profesionales y medios de comunicación locales que no dudaron en participar de manera activa en esta iniciativa con el único beneficio de saber que habían sido útiles, positivamente, a su comunidad.

En el Perú, los medios de comunicación y los periodistas locales han demostrado haber cumplido un rol necesario e indispensable para enfrentar la crisis generada por la pandemia, desde con iniciativas como la acá contada, hasta con la promoción y coordinación con los miembros de su comunidad para conseguir indumentaria médica necesaria para enfrentar esta enfermedad como plantas de oxígenos; pasando por radios locales que cambiaron toda su programación para poder adecuarla y destinarla a cubrir necesidades urgentes de su comunidad, como programas con especialistas como ingenieros agrícolas, psicólogos, docentes, etc., hasta programas que se dedicaban a coordinar y organizar la entrega de bonos o demás beneficios otorgados por el estado en su localidad. Demostrando, una vez más, que los medios de comunicación locales son necesarios para el buen desarrollo de su comunidad.

Fuente de la imagen: Andina