Se hubiera suicidado en la noche….

“Se hubiera suicidado en la noche, todos tenemos que trabajar y llegar a tiempo al trabajo…pagué mi pasaje por las puras y para conseguir taxi con toda esa multitud, un caos”. Ese fue el infortunado comentario de una persona urgida por llegar a su trabajo, el día 27 de febrero, cuando apenas se había paralizado el servicio de Metro de Lima a causa del suicidio del joven Álvaro Rosales Rodríguez de 23 años de edad.

¿Cómo es posible que una persona en la flor de su juventud decida terminar con su existencia? ¿Tiene acaso un corazón de piedra la persona que esbozó ese frío comentario?

En el mundo, en Lima y en otras ciudades del país, con este capitalismo salvaje que nos arrastra hacia abismos de desigualdad todos los días, corremos y nos auto explotamos, para pagar las hipotecas, los créditos, el colegio, los servicios de salud, las compras, etc.

En este ritmo de vida vertiginoso, no es difícil que el estrés, la ansiedad, la depresión y muchos otros problemas de salud mental, asalten nuestros hogares, a nuestras familias y a nuestros hijos.

El sistema actual, empuja a las personas a ser individualistas, cuando nuestro origen es comunitario, cooperativo y solidario. Eso significa, que tanto Álvaro como la persona que escribió el desdichado comentario, no han sido más que víctimas de esta realidad que nos carcome desde hace mucho. Lo que hemos visto en la película “Joker” no está lejos de lo que estamos viviendo.

Según cifras del Instituto Nacional de Salud Mental, en nuestro país, más de 5 millones de personas sufren algún tipo de trastorno y el 80% de estos pacientes jamás ha recibido atención profesional. Las estadísticas evidencian que los trastornos que sufre la población peruana son: esquizofrenia, ansiedad, depresión y conductas violentas.

Los problemas de salud mental, están asociadas con desventajas sociales, como son: los bajos ingresos, servicios de salud y educación caóticos e insuficientes, desempleo, subempleo y explotación y auto explotación laboral, acceso deficiente a la justicia, entre otros.

La Organización Mundial de la Salud, define a la salud mental como: “Un estado de bienestar social, históricamente determinado y vinculado a las condiciones de vida de los diferentes grupos sociales y que se genera en todos los contextos de la vida diaria, los hogares, la escuela, los centros de trabajo y los espacios de recreación y se expresa a través del comportamiento y la interacción interpersonal. La dimensión positiva de la salud mental se relaciona directamente con el bienestar emocional, la satisfacción por la vida, la capacidad empática o actitud prosocial, el autocontrol, la autonomía para resolver problemas, el bienestar espiritual, las relaciones sociales, el respeto por la cultura, la equidad, la justicia social y la dignidad personal”.

Por eso, se hace necesario y urgente que el Estado defina políticas públicas que contribuyan a resolver el problema de salud mental en nuestro país, desde un enfoque integral y con la contundencia para promover y proteger la salud mental, así como disminuir los riesgos y atender el sufrimiento que causa el problema.

Tenemos que desterrar la epidemia de miseria psíquica que nos trae este sistema, con la crítica, la reflexión y la liberación de los deseos y emociones. Exijamos más tiempo libre para hacer vida familiar, comunitaria, para recrearnos, pidamos más bibliotecas, más parques y jardines, desarrollemos actividades culturales, hay que reaprender a disfrutar de las cosas simples de la vida. Es preciso recordar los consejos de Pepe Mujica: “La vida se te va, se te escapa minuto a minuto, escuchen, no se puede ir al supermercado a comprar vida, entonces ¡lucha por vivirla, para darle contenido a tu vida!”.