¿No tenemos nada que celebrar?

La libertad de asumir una posición respecto de algo, es un derecho individual. El que tú pienses repetir lo que la masa cree, no significa que todos debamos seguir.

Entiendo la indignación y molestia que en estos momentos asumimos por lo menos más de la mitad de la población peruana; sin embargo, no asumo la posibilidad de apropiarme de esta opinión colectiva “NO TENEMOS NADA QUE CELEBRAR”, pues creo que por el contrario, los peruanos debemos mirar con optimismo y para adelante frente a los últimos acontecimientos evidenciados en el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) y casi por “cola” en todo el sistema de “administración” de justicia de nuestro país.

Asumo que día a día, como hijo, hija, hermano, hermana, madre o padre de familia entiendes que debes cumplir un rol, primero en el entorno familiar y luego en el entorno social como estudiante, trabajador dependiente o independiente y que a la vez persistes por hacer bien las cosas, en ambos espacios. Si es así, pues tienes demasiados motivos para celebrar como “PERUANO”.

El país que hoy tenemos, es gracias al empuje diario que cada mujer y varón le pusieron a lo largo de la historia, historia que no siempre gustó a los moradores en su momento, por qué así como en este 2018 quizá en el 2000, se presentaron similar o peores situaciones de corrupción y en aquel momento no surgió la “imperiosa” necesidad de pensar en no tener motivos del por qué celebrar el aniversario de la independencia de nuestra patria.

Te invito a que veas tu vida propia, que analices tus actos diarios en el rol que asumes en tu sociedad y vuelvas a repensar si no tienes motivos para recordar que hubo un libertador, que sin importar su nacionalidad, recorrió Sudamérica y por “mera casualidad” llegó al Perú y un 28 de Julio lo independizó. Si aun así no encuentras los suficientes motivos para repensar tu decisión, te pido disculpas.

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